La idea de “sevicio exterior de España” ha estado centrado y concentrado durante muchísimos años en los miembros del Cuerpo Diplomático. Claro que siempre habrá alguno que me recuerde a alguien o a algo que también ha sido importante en esta tarea, pero lo fundamental, lo básico para mi relato es que los diplomáticos han sido la base de la acción internacional de España. Esta situación es muy distinta a la de otros países de nuestro entorno que desde hace cientos de años han tenido otro apoyo fundamental en la presencia exterior: los militares. También aquí se me dirá que olvido instituciones, pero no variaría el análisis fundamental.
Los diplomáticos españoles han sido siempre pocos y muy buenos. Han sabido trabajar con pocos recursos y adaptarse a tiempos cambiantes. Por ejemplo, los diplomáticos han sabido que ahora es tiempo de hablar de empresarios y de empresas españolas por el mundo y lo han interiorizado sin problemas.
Pero a los diplomáticos les ha salido un competidor y un complemento en la acción exterior de España: los militares.
Ya he dicho que esto no sería digno de comentario en países como Reino Unido o Francia, pero en España todavía no hemos aceptado plenamente esta nueva situación.
La presencia de tropas españolas en diversos escenarios internacionales está cambiando eso de la “acción exterior” de España: un soldado puede ser tan importante para reforzar la presencia de España en el mundo como un diplomático. Y esto requiere un tratamiento nuevo en las relaciones entre los dos colectivos.
Los militares entendieron muy deprisa este cambio y, si paseas por los pasillos del Ministerio de Defensa, te puedes encontrar un número sorprendente de diplomáticos en puestos clave de su estructura. Y esto desde hace años.
Pero ¿hay militares en el Ministerio de Asuntos Exteriores? Eso ya es otra historia. Claro que alguno se puede encontrar, pero en puestos clave y con un papel definitivo, no, claramente, no. Que no haya militares en puestos fundamentales del Ministerio de Exteriores es demostración de que, todavía, no hemos aceptado a los uniformados como parte muy importante de nuestro “sevicio exterior”.
Hemos tenido casos recientes de conflictos en los que el papel del militar y del diplomático han estado mezclados hasta niveles que no nos tenían acostumbrados. Cito Kosovo y piratas y ya sabeis a qué me refiero.
Cuando el estado se dió cuenta que era necesaria una sólida coordinación entre la Policía y la Guardia Civil, se creó una Dirección General que englobara las dos instituciones. Ya se que no es exactamente lo mismo, pero alguna Dirección General de Asuntos Militares y Exteriores se podría estudiar.
De todas maneras, lo que creo que deberían hacer los Ministros de Exteriores y de Defensa era convencer a Presidencia del Gobierno de que ese papel director le debería corresponder al Presidente y luego que él repartiera juego equilibrado entre los dos. Porque estamos ante un nuevo concepto de “Servicio Exterior de España” sobre el que vale la pena trabajar.
Luis Solana